Ahora que veo esas cavidades
hechas en el cemento de mi vida por una perforadora de sueños
me acuerdo de los gritos de mi padre
especialmente diseñados para que los halcones suelten nuestras gallinas desde el aire,
como un hechizo que aniquilaba al poder de sus garras
y de ese día
cuando el cielo olía a plumas arrancadas,
cuando tuve que cazar mariposas a pie descalzo
y esconder mi rostro entre ortigas
para anestesiar la operación in-vivo de una sonrisa,
la iban a sacar como a un tumor
y esconderla en el pecho abierto de ese ave
y coser su carne,
pinchar entre las costillas su última canción
para que corra por los orificios del silencio,
al dolor...
Ahora que veo esos cables aceitosos
y no puedo creer que sean venas de la tierra,
que su sangre sea acumulada en las farolas
para luego explotar en las ventanas,
ahora recuerdo a mi padre buscando piedras en mis ojos,
eres un río, niño, me decía
y tal vez haya que prestar tu agua
a los que tienen animales en el alma.
Me miro en el espejo y todavía veo caballos esqueléticos esperando su turno,
ya no hay más lágrimas por caer...
Mientras mi sonrisa enjaulada canta
para despertar a los demonios
y no volver a ser la razón de sus pesadillas.
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