Quise escribir un poema
pero llegó mi hija y arrebató la hoja para dibujar un caballo,
le hizo las pestañas extremadamente largas
para evidenciar que era una hembra
y se me olvidó lo que fuera una de las tantas notas de suicidio,
una de las tantas cuerdas de versos que nunca fueron suficientes
para salir de un precipicio de nubes
y me pasé el resto del tiempo mirando
hasta que su dibujo se hizo frontera entre mi olvido y la memoria
y solo las pestañas cruzaban del otro lado
como cosquillando a los recuerdos,
como dejándome saber
que después de la muerte también hay sonrisas.
martes, 27 de noviembre de 2012
Libélulas en un barco vació
Yo que pensaba
que era una piedra abortada por el río del tiempo
en una oblicua orilla de soledad.
Yo que pensaba
que era una sombra pulverizada
sobre un llanto de luz.
Yo, que iba a preguntar los precipicios
si entre los buitres
tenían alguno que devore carne amarga.
Yo, que quería hablar con las brujas
para que me convirtieran en un ciervo
y me arrojaran en una mina abandonada
para escribir con sangre de lobo en la punta de mis cuernos
sobre el corazón de la montaña
y antes que los murciélagos eleven a mi cuerpo,
escribir sin parar
lo que fuera este maldito poema
que hoy mismo no encuentra su razón de ser.
Yo que me sentía tan triste
como si miles de sanguijuelas
llevaban mi sangre a un lugar
muy dentro de la arena
donde empezaba el iris de un ojo
tan grande que su lágrima era ese lago
donde nos sentíamos libélulas en un barco vacío.
Tatuajes de mi alma
Ahora que veo esas cavidades
hechas en el cemento de mi vida por una perforadora de sueños
me acuerdo de los gritos de mi padre
especialmente diseñados para que los halcones suelten nuestras gallinas desde el aire,
como un hechizo que aniquilaba al poder de sus garras
y de ese día
cuando el cielo olía a plumas arrancadas,
cuando tuve que cazar mariposas a pie descalzo
y esconder mi rostro entre ortigas
para anestesiar la operación in-vivo de una sonrisa,
la iban a sacar como a un tumor
y esconderla en el pecho abierto de ese ave
y coser su carne,
pinchar entre las costillas su última canción
para que corra por los orificios del silencio,
al dolor...
Ahora que veo esos cables aceitosos
y no puedo creer que sean venas de la tierra,
que su sangre sea acumulada en las farolas
para luego explotar en las ventanas,
ahora recuerdo a mi padre buscando piedras en mis ojos,
eres un río, niño, me decía
y tal vez haya que prestar tu agua
a los que tienen animales en el alma.
Me miro en el espejo y todavía veo caballos esqueléticos esperando su turno,
ya no hay más lágrimas por caer...
Mientras mi sonrisa enjaulada canta
para despertar a los demonios
y no volver a ser la razón de sus pesadillas.
hechas en el cemento de mi vida por una perforadora de sueños
me acuerdo de los gritos de mi padre
especialmente diseñados para que los halcones suelten nuestras gallinas desde el aire,
como un hechizo que aniquilaba al poder de sus garras
y de ese día
cuando el cielo olía a plumas arrancadas,
cuando tuve que cazar mariposas a pie descalzo
y esconder mi rostro entre ortigas
para anestesiar la operación in-vivo de una sonrisa,
la iban a sacar como a un tumor
y esconderla en el pecho abierto de ese ave
y coser su carne,
pinchar entre las costillas su última canción
para que corra por los orificios del silencio,
al dolor...
Ahora que veo esos cables aceitosos
y no puedo creer que sean venas de la tierra,
que su sangre sea acumulada en las farolas
para luego explotar en las ventanas,
ahora recuerdo a mi padre buscando piedras en mis ojos,
eres un río, niño, me decía
y tal vez haya que prestar tu agua
a los que tienen animales en el alma.
Me miro en el espejo y todavía veo caballos esqueléticos esperando su turno,
ya no hay más lágrimas por caer...
Mientras mi sonrisa enjaulada canta
para despertar a los demonios
y no volver a ser la razón de sus pesadillas.
Virus paranoico
Virus paranoico
Sé que es una u otra enfermedad
que me hace sentir débil,
algún virus paranoico que se empeña en habitar-me
solamente cuando tú te marchas
y pienso
que si me brotaran lágrimas por la punta de los dedos,
si mis caricias fueran un llanto que pueda guardar en frascos
en vez de temblar como espiga al no sostener el peso de la noche,
al presentir un ruido de tractores y medialunas de hachas que vuelcan la tierra
desde el horizonte,
si me despertara pez
y no pudiera decir que te amo,
te juro que saltaría a cada momento
fuera del agua y probaría la muerte para tus ojos
o esa gaviota que tuviera la suerte de devorarme
cantaría como un elefante
esparciendo risas de fantasmas sobre la selva...
O es que mi barba adquiere por tus besos la dignidad de una melena de león,
algo me pasa, ese puto virus
está que grita tu nombre, está que ya no mata por placer
sino meticulosamente aprende a sofocarme con tu ausencia
como si me amputara las partes que no te corresponden, amor mio.
Sé que es una u otra enfermedad
que me hace sentir débil,
algún virus paranoico que se empeña en habitar-me
solamente cuando tú te marchas
y pienso
que si me brotaran lágrimas por la punta de los dedos,
si mis caricias fueran un llanto que pueda guardar en frascos
en vez de temblar como espiga al no sostener el peso de la noche,
al presentir un ruido de tractores y medialunas de hachas que vuelcan la tierra
desde el horizonte,
si me despertara pez
y no pudiera decir que te amo,
te juro que saltaría a cada momento
fuera del agua y probaría la muerte para tus ojos
o esa gaviota que tuviera la suerte de devorarme
cantaría como un elefante
esparciendo risas de fantasmas sobre la selva...
O es que mi barba adquiere por tus besos la dignidad de una melena de león,
algo me pasa, ese puto virus
está que grita tu nombre, está que ya no mata por placer
sino meticulosamente aprende a sofocarme con tu ausencia
como si me amputara las partes que no te corresponden, amor mio.
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